Recuerdo a Oli como si fuese hoy. A veces dudo que le hubiese conocido o que existiera de verdad pero luego me doy cuenta de que fue real y me abrió los ojos, de una vez, a mis verdaderos sentimientos.
Nunca olvidaré sus inmensos ojos azules y su fragilidad de niño casi enfermo cuando le descubrí en aquella mini fiesta el día de Nochebuena.Su dulzura al mirar me enganchó al segundo aunque no nos podíamos comunicar al 100% ( no hablaba muy bien castellano). Estoy convencida de que si es verdad que nos reencarnamos en otras personas en nuestra siguiente vida, la mía estará a su lado.
Se lo prometí cuando le conocí. Es como si el destino quisiera que le hubiese encontrado por algún motivo que todavía hoy desconozco.
Podría pensar que es la imagen idílica que guardo de aquel momento ya que tan sólo tenía 18 o 19 años, y las cosas se miran, tal vez, desde otra perspectiva pero, ciertamente, ha habido muy pocos chicos que hayan logrado cautivar mi atención de esa manera.
Puede que Oli ya no exista. Las últimas noticias que tuve de él es que tenía la arteria aorta obstruida. Puede que ya fuese demasiado tarde. O puede que se curase y finalmente fuese feliz después de marcharse.
Puede que se afanase en las drogas y tenga un final amargo. Ojalá haya logrado lo que nunca tuvo , sea un hombre de bien y goce de todas esas cosas de las que careció en la infancia ya que después de tantas penurias, francamente lo merecía.
Hay un proverbio que dice que por lo menos te cruzas dos veces con la misma persona en tu vida. Soy consciente de que con Oli sea imposible que suceda pero tengo la suerte de poder recordarlo con cariño cada Navidad , brindar con una copa imaginaria por su felicidad y llorar dos lágrimas dulces por todo el cariño entregado.
