sábado, 19 de noviembre de 2016

Un nuevo paradigma

Esta semana, mientras reflexionaba sobre un programa de clase, me he dado cuenta de que algo está cambiando. Algo se está modificando, algo en nuestras cabezas, en nuestra manera de expresarnos, en nuestro día a día y también en nuestros corazones. Me doy cuenta de que los primeros conceptos conllevan un masculino o femenino que nos separa como seres humanos, un singular y plural en los tiempos que corren donde nos enseñan que es  mejor ser “nosotros” que “ellos”. Pasamos al “hay” o “está”. Pero si no hay nada… ¿dónde puede estar? ¿De qué sirve colocarlo en un espacio que ya no existe? Recuerdos de Amatrice, recuerdos de un pueblo donde probar los mejores espaguetis de tu vida… Y en un momento, crac, ya no hay, ya no está… ni la gente, ni el lugar, ni ese pueblo que me acogía incondicionalmente cuando hacía una parada en mi viaje con destino a Roma. La tierra tiembla, la tierra en la Tierra… A pocos kilómetros de casa, ya no está, ya no hay.
Y sigo avanzando hacia el presente de esta rutina diaria a la que todos nos aferramos, a una rutina de “a menudo”, de “normalmente”, de “siempre”, o para los más sinceros de un “casi” por no decir que “nunca”. La rutina que parece que lo es todo, las verdades universales de un siglo decadente que nos sofoca…
Me doy cuenta de que el próximo tema es el de la obligación, el de “debo, tengo o hay que”. Después de la rutina, sigo teniendo que hacer cosas. Me duele algo y “tengo que solucionarlo”. Para mejorar en la vida “hay que” y entre una cosa y otra me autoconvenzo de lo que “debo o no hacer…” para mantener a raya el nivel de colesterol.
El dilema llega en la clase siguiente, la de los planes. Se supone que después de conocer mis obligaciones, hago planes y ahí llega el “voy a cambiar de trabajo”, “voy a tener un hijo”, “voy ahorrar para viajar”... A los españoles siempre nos ha encantado esta perífrasis verbal. Vamos a ver…, vamos a ir…, vamos a hacer… En los años 90 nuestras agendas estaban llenas de planes prometedores para un mañana sin suspense. ¿Y ahora?
He de decir que estoy planteándome una ruptura del paradigma a gran escala. Las respuestas de mis estudiantes y las que yo me doy a mí misma no son para nada convincentes. Creo que este “ir + a + infinitivo” que se propagó como la espuma en momentos de bonanza, se convertirá en breve en un futuro inseguro y de predicciones infundadas.  Un  “cambiaré  de trabajo” – quizás -, los coches volarán pero yo no o en el futuro los robots ocuparán el lugar de ese hijo imaginario que nunca tuvimos.
Siguiente paso, el pasado. En este caso me sorprendo de cómo puede cambiar tanto su uso temporal en lenguas tan afines como el español y el italiano. Para un español el ayer es un momento terminado, en cambio para los italianos la idea de lo remoto, asusta, aleja, confiere autoridad e importancia a lo clásico. Claro que nuestro pasado influencia nuestro presente pero no podemos dejar que nos condicione. Por eso cada curso doy la importancia justa al pasado, ni más ni menos. ¿Cómo ignorar acontecimientos que surcaron el camino hacia nuestro presente? ¿Cómo no hablar de todo lo que hemos hecho o querido hacer en nuestros días?
Llegamos “casi” al final, creo que por fin me decido: el condicional. Pienso que este lo cultivaré con gran entusiasmo porque, en definitiva, es el que nos toca vivir a todos, nuestro preferido. Es el que nos hace ser felices en la dificultad: ¿Te gustaría salir conmigo esta noche?, ¿Qué harías si te tocara la lotería?, ¿Podrías echarme una mano?, Viviría siempre al lado del mar y te amaría toda la vida …

La vida del siglo XXI es un condicional, plagado de incógnitas, de expectativas, ajenas y propias. Es ese condicional que nos hace desesperarnos ante la incertidumbre pero también el que nos hace llegar  "vivos" de hoy hasta mañana… ¿Aprenderías a vivir en este nuevo paradigma?

jueves, 12 de mayo de 2016

Feliz día cualquiera


 
Una día normal, un día cualquiera te despiertas . Te desperezas, te tomas un café en el bar que te vio llegar a esta tierra cuando no sabías ni pronunciar una palabra en este suajili de locos que hablan con las manos. Recibes un poema jamás escrito de la persona que te acompaña en  tu día a día, que te sigue mirando a los ojos con ese brillo de la  ilusión primera.
A pesar de esa nube de gris gallego en el jardín, plantas un molinito de viento de colores y piensas en el paso del tiempo. Ya no eres una niña. 35 años de experiencias infinitas, de atardeceres, de madrugones, de noches sin dormir bajo el flexo. Errores cometidos y los que quedan por cometer. Aciertos merecidos y sin merecer.
Piensas en todas esas personas que te felicitan. Desde tu familia, a los amigos de verdad, los alumnos, personas que has visto solo una vez en tu vida, quizás en un supermercado o has charlado con ellos en un tren de vuelta casa.
Si meditas un poco, te darás cuenta como yo, de que la felicidad es más simple de lo que uno imagina. Es poder estar bien para disfrutar de estos momentos que parecen tan minúsculos pero que en realidad son gigantes para un ser humano como tú y como yo.
Puede sonarte a tópico. Piensa lo que quieras cuando leas esto. Es el privilegio que se nos ha dado, la habilidad de ser críticos con nosotros mismos y con los demás pero… atención, no exijas demasiado.
Claro que nacerán los detractores incondicionales de las redes sociales, que si Fb te recuerda las fechas señaladas, que si no tiene mérito... Pues, para mí, el simple hecho de que alguien se tome unos segundos de su vida para dejarte un mensaje de felicitación claro que lo tiene, y gracias a estos medios de comunicación hoy en día soy un poco menos desastre.
A tod@s los que se levantan cada día buscando el sol en su interior, a los que quiero porque me quieren, a los que quiero sin que me quieran, a los que algún día me quisieron sin que yo consiguiera quererlos y, sobre todo, a los que en este día, que solo hay uno al año, me han dejado su mensaje grabado en el corazón.
Gracias.

sábado, 23 de abril de 2016

Jabón de Alepo




Mi amiga Alex me ha regalado una pastilla de jabón muy especial: jabón de Alepo.
Sus propiedades ayudan a mejorar sustancialmente el manto de la piel  resquebrajada.
Y me lavo la cara con jabón de Alepo, jabón de la antigua Mesopotamia. Jabón de la cuna de la civilización…
Mientras sale agua tibia del grifo, pienso en las familias sirias que caminan rumbo a quién sabe dónde… Familias que han muerto bajo la nieve del invierno.
Con jabón de Alepo probamos a lavar nuestras heridas pero …
 ¿Quién lava las heridas de los sirios que caminan?




lunes, 5 de enero de 2015

De cajitas y un pendiente en cada abrazo


Principio del año 2015. Sé que hace siglos que no escribo pero la ocasión lo merece.

Hoy he recibido ese email inesperado que invita a la reflexión, a una consideración detenida que acaba en una lágrima inevitable.

He recibido noticias de Tomoko, una amiga japonesa con la que compartí casa en Inglaterra hace muchos años.  Intenté localizarla en varias ocasiones después del terremoto de Japón que alarmó a todos los noticiarios sin recibir nunca una respuesta. Llegué a temerme lo peor, una tragedia, y hoy, por fin, he abierto ese email que me traía noticias felices desde la otra parte del mundo.

Tomoko me cuenta que se ha casado y tiene un niño de dos añitos. Imagino su carita alargada dormida en un metro ultramoderno con el pequeño en sus brazos. Su mirada dulce y sus manos suaves y muy blancas. Aparece caminando bajo la nieve con el gorro y la bufanda que le ponía cuando nevaba. Parecía un muñeco de nieve. Todo es muy gráfico.

Me di cuenta de que con la lectura de ese email  de tan solo dos minutos una cajita se había abierto en mi mente. Una cajita de sentimientos, de imágenes, de palabras … Por eso hoy me he decidido a escribir, para hablar de esas cajitas que todos guardamos en nosotros mismos que nos recuerdan algunos momentos relevantes de nuestras vidas.

Las cajas son un poco como los vasos. Lo mejor es siempre tenerlas medio llenas. Si acumulamos demasiadas cosas, un día se rompen. Si las tenemos vacías, nos falta algo que las completa. Por eso, es nuestra responsabilidad y elección elegir esas cajas y conservarlas bien. Porque cuando las abrimos y observamos el paso del tiempo en ellas, somos conscientes de la importancia de los momentos vividos.

El mundo gira a mil revoluciones. Uno se detiene de repente mientras mira a través del cristal de un autobús la ciudad llena de luces y se descubre a sí mismo reflejado. Atraviesa el parque donde dio el primer beso. Nadie baja aunque la fuente funciona todavía. El bus sigue adelante. Se para en cada esquina de la urbe. Confesiones entre amigas, un té escondidos del mundo, la playa, el furgón de los helados…y vuela la imaginación…33 años.

Todo pasa muy rápido ante mis ojos y mi cerebro abre cajitas y cajitas. Unos enormes ojos azules me miran fijamente… ¿En qué piensas? – En nada…

Recorridos incansables y frenéticos del día a día. Escalas entre un corazón y otro con control de pasaporte. Abrazos de sonrisas amigas, abrazos del mundo que habla lenguas diversas, abrazos del infinito que te abraza. Llego a casa y apoyo las llaves en el mueble de la entrada. Me quito los zapatos y el abrigo.

Subo a la habitación. Me dispongo a quitarme la ropa y…me falta un pendiente.
Me da pena, me lo habían regalado.
Me quito el otro. Lo meto en una cajita. Pienso  en el último abrazo y…sonrío.
También es importante perder pendientes. Beso los ojos azules y cierro los míos…
Algo de eso tiene la vida... de cajitas y pendientes que se pierden en abrazos.

martes, 31 de diciembre de 2013

Sinceridad sin conservantes

Todos necesitamos tiempo para asumir los propios errores, para darnos cuenta de la trascendencia que pueden tener en nuestras vidas. Obvio, que no siempre tienen remedio pero son parte de lo vivido y ejercen una influencia fundamental en lo que nos queda por vivir.
Cuando hablo con ella y siento la necesidad de darle un abrazo  mientras me cuenta las novedades de los últimos meses, asumo que es una de esas relaciones sinceras que ha sobrevivido frente a la amenaza de esta crisis existencial generalizada. Con nuestros más, con nuestros menos. Con mi locura transitoria que pudo causar su herida y la asunción de responsabilidad del abrir los ojos. El período de ausencia y el dolor del silencio, la búsqueda del perdón tras mi naufragio en aguas turbulentas  llenas de tiburones, de medusas, que tras una yincana de sentimientos y emociones que me llevaron a paradero desconocido...
Hay cosas que no se borran, que permanecen como un sello inconfundible en la mente, en el rinconcito entrañable de la memoria, que los olores, los lugares, la música, la poesía, son capaces de evocar y que siempre vuelven a nosotros.
Esa es ella, la que sobrevivió a batallas, la que aprendió a  surgir de las cenizas siempre con actitud positiva. La que vivió el instinto humano como autoaprendizaje. Mi niñez feliz, mi inspiración adolescente, mis esperanzas de que existen cosas verdaderas, reales, de que todo  no es un yogur que caduca mañana. Hay cosas naturales, sin conservantes ni colorantes, que con un poco de azúcar   satisfechos consumimos hasta que  nace en nuestras cabezas la corona de cabellos blancos a los que tanto tememos. Es entonces cuando soñamos en paz con la infinidad de momentos compartidos.
 

martes, 24 de diciembre de 2013

Mortadela para todos - no hay dos sin tres -


Mi abuela decía que "siempre hay un roto para un descosido", pues qué razón tenía.
En plenas fiestas navideñas, entre gambas y burbujas llega una reflexión tardía. Y es que no se puede estar tantos meses sin  mortadela. Así no es vida...
Como expliqué en su día, puede que algunos de los lectores no hayan entendido su significado y estén con su idea hipotética de "carne de grasas saturadas" o de "desperdicios  que nadie quiere". Es demasiado esnob, ¿no creéis? La mortadela es precisamente "lo que tú quieras". ¿Quién se puede permitir el lujo de juzgar "lo que nadie quiere"? Pues siempre hay alguien que quiere a otro. La estadística no miente.
Últimamente hablando con mis amigos y amigas solteros, sin compromiso, esos queridos amigos cuya racionalidad se eleva a la enésima potencia y en el fondo son los más románticos que he conocido... me he dado cuenta de que el problema de la mortadela es que no es capaz de adaptarse al espacio-tiempo. Es decir, no se encuentra en el lugar adecuado a la hora adecuada para poder crear el bocadillo propicio. Y digo propicio, sí, porque "lo perfecto" no existe y no quiero acabar  por otros derroteros.
No quiero acabar mezclando "las churras con las merinas", ya que tenemos a ese pobre animal en el horno para esta noche,  en la que la única intención es la de pasar una noche "buena" en compañía de los demás y dejar a un lado las cosas negativas.
En fin, que nos hacemos perezosos, nos cuesta salir de nuestra caverna, donde la luz de la antorcha es cálida. Se está  a gustito. De ahí que el gran Platón viera por todas partes sombras y creara sus maravillosas teorías. Que en realidad, creo yo, lo que le hubiera gustado de verdad, sería haberse comprado un par de jarrones minimalistas y un quemador de esencias por cuatro duros en el IKEA... El caso es que aquí fuera hay, al menos, alerta naranja y esta noche se ha caído el limonero del jardín, el preferido de mi abuela. Hablando de sombras, donde ella se cobijaba. Suerte que en casa, hay almas cándidas que entienden lo que es importante para todos nosotros y ya vuelve a estar en pie de guerra en su sitio. De guerra de sentimientos, de agua que cae a raudales, de miguitas de pan para los pájaros que vuelan cerca del olivo del abuelo...
Me pregunto ¿qué hemos aprendido en este puñetero 2013? Somos Premio Nobel de la lucha contra la desesperanza, cazadores de  sentimientos encontrados, vencedores de quimeras, atrapasueños...alerta naranja.
Un día metes un pie en el Atlántico y se te congela. Claro que tu reto es entrar, zambullirte y nadar entre las olas... naranja... el ámbar que te dice "decide tú" en los semáforos", que te dice "haz lo que tú quieras", la mortadela.
Cuántas veces no vemos a los que tenemos enfrente de nosotros. Cuántos besos perdidos. Cuántos besos de alerta naranja, cuántas meriendas de mortadela.
Cuántas canicas y chinitos de la suerte. Alerta naranja...
Vivir hoy,  decir "sí". No hay mal que por bien no venga: la mortadela.
 

domingo, 3 de noviembre de 2013

El amor: teoría de mutación en los cuerpos.


Somos de barro: seres vulnerables.
Nuestra naturaleza pasa a ser humana, en su humanidad, a veces, inhumana, débil, detestable.
Con el barro y la arcilla podemos fabricar cosas maravillosas, jamás soñadas. Fabricamos formas impensables, para bebernos la esencia de la vida.
El barro, como otros elementos es susceptible al paso del tiempo, de los años. Lo cocemos en el horno con la esperanza de que nuestras expectativas duren eternemente pero...nada es eterno, al menos en la vida material. La eternidad concreta tampoco sería perfecta, viviríamos en una experiencia interminable que nos haría aborrecer nuestra existencia. Eso sí, algo puede durar más de 100 años. Por eso la sensación de eternidad, ya que la vida humana es limitada, nos puede parecer infinita.
Las cosas duran el tiempo que la humanidad es capaz de retenerlas en su memoria y en su retina. Es decir, morir para las personas, testimonios de nuestra presencia en la historia, en el espacio, es morir a la vida que podemos cuantificar  mediante los momentos compartidos.
Toda esta teoría ... para llegar al amor.
Somos de barro. Nos derretimos ante la presencia de nuevos sentimientos. Evaluamos egoístamente la cantidad de amor que somos capaces de dar y recibir y... nos cambiamos.
La sustitución es dolorosa,  otra muestra más de que nada es eterno.
El verdadero amor nunca muere, se desgasta, como se desgasta una botijo con el uso y el paso de los años. Decide buscar nuevas emociones en nuevas formas, nuevos contenidos y contenedores.
Todo esto unido a la influencia de los astros, la luna llena y la teoría de los destinos que se entrelazan, nos lleva a pensar que nuestro amor es también de barro, como nosotros. Se transforma.
Nuestro amor nace del mundo de las ideas, de la fascinación y el grado de la perfección inicial comunicado por la persona amada. La habilidad está aquí en saber que esa percepción es momentánea. Realmente lo importante es mezclar pasión y comunicación.
La pasión sin comunicación hará que el botijo se rompa tanto como la comunicación en usencia de pasión.
Obvio  que no se harán presentes ambas partes simultáneamente, al menos siempre, pero cuando pecamos de exceso en uno de ambos elementos, así como cuando los olvidamos, el botijo se rompe.
Una vez roto el barro, las  soluciones son pocas. El amor se escapa y se encarna en otra persona.
Podemos mojar la pieza y pensar que  sus componentes se unirán como al principio, mas nunca será así.
Un sentimiento puro nace una vez en la vida, después se vicia y corrompe por la influencia de factores externos.
Como el amor viaja por el aire, el intercambio es rápido y continuo. No es, obligatoriamente, negativo.
Si perdemos el nuestro, nos dolerá un tiempo pero encontraremos la forma de descubrir otro nuevo y emocionante porque...somos de barro.

lunes, 29 de julio de 2013

29 de julio de 2013


En mi corazón nace una rama de eucalipto
que busca el agua  en el subsuelo de un nuevo
territorio.
Rodeada de animales que la acechan,
de hienas dispuestas a desgarrar
los sentimientos de un árbol que intenta
florecer en la distancia.
El perfume de sus hojas no cesa nunca.
No se rinde a la indiferencia
de miradas vacías,
aunque a veces cae
en la desesperanza.
Echa de menos el musgo que protegía
 su delicada piel
del frío eterno.
Cuando sus raíces se mojan
su pasión florece.
Irradia felicidad
y  la inmortal fuerza
de hacer su volundad:
 desear como sus
ancestros eucaliptos
el bien del mundo.
 
 

viernes, 22 de febrero de 2013

Dubrovnik



Dal belvedere di Dubrovnik si vede il mare azzurro, un mare bagnato dai tempi, dalla storia.
Dubrovnik è una città di vizio e piacere d’estate e si addormenta d’inverno.

Le persone camminano serie per strada.

Mi chiedo perché non sorridono. Non capisco il silenzio nel mezzo di un panorama pieno di luce e colori.

Gli abitanti sono stati marinai, poeti e commercianti. Soggetti socievoli di natura, adesso diventati guide, addetti alla reception o baristi di grossi ristoranti.

Dubrovnik guarda il mare e le sue mura mi raccontano delle cose che nessuno si è domandato fino ad oggi.

Immagino le navi che partono. Le donne che aspettano i mariti, i bambini che giocano a pallone in un pezzo di verde sconosciuto.

Le bombe cascano d’improvviso.

 Apro gli occhi e mi accorgo della recente ferita ancora non guarita.

Daniela mi abbraccia e mi saluta con affetto.

Una lacrima scende tranquilla sulla mia guancia.

“Addio” le dico. E sono contenta di essere venuta qua, nel freddo di febbraio che ghiaccia i cuori degli uomini che fanno la guerra.



lunes, 28 de enero de 2013

El chico que coleccionaba posavasos


Todos hemos coleccionado algo en nuestras vidas. Algunos con convicción y otros sin saber muy bien por qué. El chico que coleccionaba posavasos nunca me quiso contar su historia. Yo sabía de todos modos que antes o después la escribiría sin tenerla que inventar.
¿Por qué posavasos? Eso también me lo pregunté yo.
Quizás porque son fáciles de conseguir, sencillos de recopilar.
En el fondo, no tiene mucho sentido apoyar un vaso en otro lugar que no sea la barra o la mesa de un bar, por lo que no estoy muy convencida sobre su practicidad. Seguramente los posavasos de los establecimientos han estado siempre ahí por motivos meramente publicitarios.
Es decir, en un bar, los camareros limpian a menudo las superficies donde los clientes apoyamos los vasos (o al menos eso nos gusta pensar) por lo que sería un poco absurdo que su uso se reduzca a  meras cuestiones higiénicas.
En fin…el caso, es que el chico de esta historia coleccionaba posavasos y le encantaba de vez en cuando, volver a observarlos y recordar el momento y el lugar de los que habían salido.
Su posavasos más antiguo era de cuando había cumplido catorce años y se había tomado su primera Estrella Galicia con sus amigos. Luego había otro de un karaoke lleno de firmas femeninas y dedicatorias que casi no se entendían. Los licores se habían caído por encima y estaba casi pegajoso.
Luego el de su primera cita con Diana ¡Cuánto le costó aquel primer beso!
Había un posavasos de su viaje a Mallorca, donde se había prometido amor eterno con una polaca de la que sólo quedó un número de teléfono, fijo, por supuesto.
Entonces, un teléfono móvil de tercera generación o  Facebook le hubieran permitido volver a contactarla…una pena que la madre de la chiquilla sólo hablara polaco.
El chico conservaba también, como oro en paño, un posavasos de un Starbucks donde se tomó un café el día en que encontró un buen trabajo. El que le permitió firmar la hipoteca de su piso y empezar a ahorrar para el futuro… El futuro…
Así pasaba el tiempo y en cada ocasión que consideraba digna de recuerdo buscaba y encontraba un posavasos.
El posavasos del día que Eva se mudó a su casa. El del primer día que hicieron el amor. Uno con el de la fecha del día en que se casarían.
Poco a poco aquel objeto se convirtió en su obsesión. Dejó de importarle lo que verdaderamente significaba.
Quería vivir, hacer cosas, solo para poder atesorar un nuevo posavasos.
Hasta que un día de enero, de frío y nieve llegó a casa. Algo muy extraño había sucedido.
Sobre el suelo de la cocina se encontraban ordenados meticulosamente todos los posavasos.
Encima de la mesa  de Ikea, un charco de sangre y el cuerpo sin vida de Eva.
En su mano un posavasos que decía:
“Espero que este sea el más valioso de tus posavasos”.
Pocos meses después, murió ahogado por sus propias lágrimas, que no fue capaz de contener ni en vasos ni en botellas.





sábado, 19 de enero de 2013

A fuego lento

Estoy en la cocina preparando croquetas y acordándome de la abuela.
El olor a cebolla me trae tantos recuerdos…
Puedo parecer una neurótica de la comida. Primero la mortadela, ahora a fuego lento… Lo cierto es que los olores (no solo de la comida) despiertan aquellos momentos que creíamos olvidados.
Sucede como con las casas. Todas tienen un olor característico y cuando entras, es la primera cosa que percibes.
El olor de las croquetas me recuerda a la abuela, a sus manitas ágiles y arrugadas ¡Yo a la abuela la conocí siempre vieja! Ella se empeñaba en enseñarme sus fotos de joven donde parecía una artista. Para mí, en cambio tenía  ojos de agua y cabellos de algodón.
Cuando era una niña, y ya no tanto, me contaba las historias de su vida: la del burro que la llevó a despedirse de su madre en el lecho de muerte, la de su hermano que regresó de la guerra para casi morir entre sus brazos, la de su padre ciego, su abuelo premio en Bellas Artes, la historia de amor de su primer novio…
Todavía no he conocido a otra persona como ella. Ponía ilusión en cada cosa que hacía. Daba bastante igual la edad que tuviera. De hecho, me sorprendió cuando la operaron de cataratas y volvió a leer el periódico.
Vivía cada día como si fuese único.
Nunca pensó que era demasiado tarde para nada.
Siempre con su delantal en medio del humo incansable de la cocina.
Solo hacía falta decirle lo que querías…
-Abuela, ¿me haces sopa con fideos?
- Abuela, me haces patatas bravas “de las tuyas”. (Es decir, con ajo, perejil y pimentón, como ella las hacía y también las bautizaba)
La abuela nos bautizó a mi hermano y a mí un millón de veces. No se sabe a qué religión pertenecemos.  No creo que a la religión de las masas.
Ella tenía su propio punto de vista sobre el bien  y el mal, sin prejuicios ni demasiados problemas. Ojalá en el Vaticano hubieran aprendido a tener la mitad de la humildad y el altruismo que ella.
Envuelvo despacito las croquetas en el pan rallado. Las veo tan ovaladas entre mis manos...
Al otro lado de los cristales empañados cae la nieve y una lágrima llega a mi corazón como un relámpago.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La mortadela II. Adiós 2012.

Hace tiempo que mi querido hermano me pide la segunda parte de la mortadela. Y es que… podría escribir incluso un libro entero acerca de este tema.

Lo más importante es saber qué momento de la vida uno está atravesando. Es decir…
¿No te gusta la mortadela porque ya la probaste y la aborreciste?
¿No te gustaba y ahora te has dado cuenta de lo que te estabas perdiendo?
¿Te gusta sólo un tipo? ¿Con pimienta? ¿Sin ella? ¿De Bolonia? ¡Yo qué sé!
¿No te gusta en absoluto?
La mortadela son sobras de todo y  de nada, de lo que queda de uno mismo al final de un día, un mes, un año...2012.
¡Cuántos años han pasado desde los bocadillos a media tarde en el parque, cuando Ana y yo corríamos con la bicicleta amarilla.
¡Cuántas tardes de patines y de hulla-hop!
De bocadillos de mortadela que compartíamos con el perro de “Congelados Mar” que  estaba enfrente de mi casa.
Ahora me llevo el bocadillo cuando voy a trabajar.  Después de unas cuantas horas de clase, saboreo la maravillosa mortadela con la rúcula y pienso en el período de mi vida en el que no me gustaba.
Hay momentos en la vida para todo.
Hubo un tiempo en mi vida del que casi ya no me acuerdo en el que aprendí a conformarme. Un tiempo en el que no tenía ganas de cambiar nada sino simplemente de dejarme llevar.
Me costó mi tiempo aprender a ver las cosas desde diferentes puntos de vista. Todavía me queda tanto por recorrer...
No podemos vivir la vida a través de los ojos de los demás, ni dejarnos llevar por todas las opiniones externas.
Yo recibí muchas críticas por buscar mi destino, por intentar volver a sentir la emoción del comerme un buen bocata de mortadela.
Hay gente que nunca entenderá que oponiéndose al flujo de los eventos no vivirá mejor.
Reprimirá los mejores momentos de su vida, que son precisamente los de “vivir”.
Los momentos “mortadela” por excelencia:  perder un autobús, levantarse tarde y no ir a trabajar, enamorarse, desenamorarse, hacer cualquier viaje, regalar lo irregalable, proponer lo improponible,tener un hijo...
¿Y los mayas?
Entre  juego y juego de pelota ...¿qué creéis que hacían?
¿Puede que una pausa para un bocadillo de "mortadela"?
Seguramente hipercalórica y claro, insanísima pero...
¡Vámonos al 2013! Ya veremos lo que nos depara...

*Gracias a todos los que luchan por demostrar al mundo que todas las batallas no están perdidas.
Feliz Año Nuevo

Miriam