lunes, 31 de diciembre de 2012

La mortadela II. Adiós 2012.

Hace tiempo que mi querido hermano me pide la segunda parte de la mortadela. Y es que… podría escribir incluso un libro entero acerca de este tema.

Lo más importante es saber qué momento de la vida uno está atravesando. Es decir…
¿No te gusta la mortadela porque ya la probaste y la aborreciste?
¿No te gustaba y ahora te has dado cuenta de lo que te estabas perdiendo?
¿Te gusta sólo un tipo? ¿Con pimienta? ¿Sin ella? ¿De Bolonia? ¡Yo qué sé!
¿No te gusta en absoluto?
La mortadela son sobras de todo y  de nada, de lo que queda de uno mismo al final de un día, un mes, un año...2012.
¡Cuántos años han pasado desde los bocadillos a media tarde en el parque, cuando Ana y yo corríamos con la bicicleta amarilla.
¡Cuántas tardes de patines y de hulla-hop!
De bocadillos de mortadela que compartíamos con el perro de “Congelados Mar” que  estaba enfrente de mi casa.
Ahora me llevo el bocadillo cuando voy a trabajar.  Después de unas cuantas horas de clase, saboreo la maravillosa mortadela con la rúcula y pienso en el período de mi vida en el que no me gustaba.
Hay momentos en la vida para todo.
Hubo un tiempo en mi vida del que casi ya no me acuerdo en el que aprendí a conformarme. Un tiempo en el que no tenía ganas de cambiar nada sino simplemente de dejarme llevar.
Me costó mi tiempo aprender a ver las cosas desde diferentes puntos de vista. Todavía me queda tanto por recorrer...
No podemos vivir la vida a través de los ojos de los demás, ni dejarnos llevar por todas las opiniones externas.
Yo recibí muchas críticas por buscar mi destino, por intentar volver a sentir la emoción del comerme un buen bocata de mortadela.
Hay gente que nunca entenderá que oponiéndose al flujo de los eventos no vivirá mejor.
Reprimirá los mejores momentos de su vida, que son precisamente los de “vivir”.
Los momentos “mortadela” por excelencia:  perder un autobús, levantarse tarde y no ir a trabajar, enamorarse, desenamorarse, hacer cualquier viaje, regalar lo irregalable, proponer lo improponible,tener un hijo...
¿Y los mayas?
Entre  juego y juego de pelota ...¿qué creéis que hacían?
¿Puede que una pausa para un bocadillo de "mortadela"?
Seguramente hipercalórica y claro, insanísima pero...
¡Vámonos al 2013! Ya veremos lo que nos depara...

*Gracias a todos los que luchan por demostrar al mundo que todas las batallas no están perdidas.
Feliz Año Nuevo

Miriam

viernes, 28 de septiembre de 2012

¡!


Ondas humanas que dicen “no”

al  privilegio, la incultura,

la desinformación.

Que dicen “sí”

a la vida

que cada día nos cuesta vivir.

Derechos que quieren extinguir

por ser “humanos”,

 porque para ellos,

“la humanidad”

no está de moda.

Harta,

digo lo que quiero.

Harta,

digo lo que pienso.

En mi distancia,

no dejo de estar indignada.

Por esta ventanita,

 me asomo cada mañana

y veo sangre, sueños derramados.

Qué poco valoramos

 la inmaterialidad

que nos hace sobrevivir

en nuestra condición

 ínfima.

Mi romanticismo dice “no”

a  esta injusticia prolongada.

Dice “sí” a la primera hoja del otoño

que es el principio de una nueva lucha.



 

 

lunes, 11 de junio de 2012

Los vivos y los muertos

Hoy he estado en el cementerio.
¡Tantos nombres de gente muerta! ¡Tantas fotos! ¡Tantas flores!
Me pregunto si de verdad hay algo después de morir.
Porque la muerte física nos toca a todos pero  … ¿existe la muerte espiritual?
El otro día alguien me dijo: “hay personas que nacen viejas y se mueren jóvenes”
Es verdad, también hay jóvenes que viven como viejos.
¿Por qué la línea de la vida tiene que ser un elemento fijo?
Es decir, si aprendemos es evidente que rejuvenecemos cada día.
Más bien parece que esta historia de la juventud o la vejez no tenga nada que ver con el aspecto físico.
Las ganas de utilizar cada minuto de la vida.
En la vida hay muchos minutos, muchas horas, muchos días.
Los hay que viven obsesionados con el reloj y el mañana. Síndrome del Quiero-una-vida-feliz
Los hay que no piensan en mañana, aunque el mañana sí piensa en ellos. Síndrome de Peter Pan.
La muerte nos atrapará a todos. La muerte física quiero decir.
Da igual que acabemos en el cementerio (que al final sigue siendo una manifestación de pertenencia al grupo),  que estemos en un jarrón encima de la chimenea de una casa, seamos ceniza y volemos libres con el viento  o nos unamos con la tierra, que, al fin y al cabo, nos ha engendrado.
La cosa fundamental es alimentar el espíritu con las cosas que nos rodean.
Porque el espíritu sobrevive en el tiempo y en la materia. No se lo lleva el aire ni desaparece en medio de los agujeros negros.
Aunque no lo creáis, en mis largas horas de tren, comparto vagón con el espíritu de mi abuela.
No me da miedo. Está tan vivo como antes aunque ahora no tiene ese cuerpecito y esas manitas de algodón y de sueños.
No tenemos que tener miedo a la muerte. Tenemos que tener miedo a vivir sin sentir la vida.
Porque la vida, y más en tiempos de crisis, es todo lo que tenemos.



sábado, 5 de mayo de 2012

Martes…ni te cases…ni te pongas zapatos rojos…

Es domingo y estoy más cansada que el lunes. Correr de un lado a otro hace dos meses que se ha convertido en un ritual y la ley de Murphy a veces me persigue.
El martes fue un día terrible. Decidí ponerme unos zapatos rojos monísimos que me regaló mi madre para darme un punto de alegría y me parece que no fue la decisión más sabia que he hecho en los últimos días.
Llevaba dando clase una hora y pico con un par de chicas de Ciencias de la Comunicación, que menos mal que eran espabiladas, porque a veces le dan ganas a uno de suicidarse cuando ha repetido lo mismo con estrategias A, B y C y se da cuenta de que se tiene que inventar una D.
En fin, que allá que salió el tacón de mi zapato disparado por los aires, y, os podéis imaginar, yo con un sofocón impresionante porque tenía que llegar al centro lingüístico a pie y dar otras 3 horas allí con otro grupo.
Resolución del problema: me bajo a conserjería a buscar a Primo (un conserje muy enrollado que siempre me echa una cable con las cosas que me hacen falta). Me dicen que se ha ido ya.
Busco pegamento, grapas, no se me ocurre mucho más…
¡Los obreros! Están haciendo obras en la facultad, bajo por las escaleras cojeando con mi zapato rojo en la mano. Me los encuentro:
-Por favor, soy la profe de español y tengo un problema con mi zapato, ¿me podéis salvar? Tengo que empezar otra clase dentro de 10 minutos.
Me miran partiéndose de la risa y yo pienso: “tierra trágame”.
Finalmente, cogen la Black and Decker y le meten un par de clavos a mi zapato (me avisan de que se estropeará pero… ¡no puedo ir descalza por las calles de Macerata!
Llego al centro lingüístico contentísima, parece que todo ha ido bien…
Me han cambiado de laboratorio y no funciona nada. Las claves no entran, el audio no suena, el técnico se cabrea porque no he venido antes…
Por supuesto, no entiende que  es el único que se la rasca el 50% de las horas de su “super” trabajo. Cobra más que yo, eso sin duda, para permitirse el lujo de decirme lo que le sale de las narices.
Mis nuevos alumnos me ponen a prueba. Yo sudo y sudo y sigo sudando. Cuando consigo comenzar la clase estoy nerviosísima, ¿Por qué me pasa de todo hoy? No puedo más. Me gustaría echar a correr cuesta abajo y tomar el primer tren.
Sonrío, pienso en cómo crear el momento de empatía y… ¡allá vamos!
¡Nadie dijo que fuera fácil! ¡Pero coño!, ¿todo junto?
 Vuelvo a casa descojonada.
A veces pienso que nací un día en que confluyeron de forma muy especial los astros.
¿Tendrán algo que ver los mayas?
Una vez más sobrevivo…

martes, 7 de febrero de 2012

Desde dentro


Muchas veces nos dejamos convencer por los otros sin analizar verdaderamente los motivos por los que nos juzgan o nos presionan para que formemos parte de  esa vida “políticamente correcta” que todos debemos tener y seguir a rajatabla para no formar parte de ese grupo de “incompetentes”  con los que sólo se puede perder el tiempo para darles consejos “inútiles” sobre un canon de vida a seguir, unas normas que cumplir y la aceptación de ese conformismo insano que  conduce por el camino directo de la infidelidad.

Está claro que no son tiempos fáciles pero tenemos que asumir que la crisis no son palabras que se lleva el viento. No es la carencia de dinero en nuestra cuenta del banco originada por los desgraciados que nos tienen que pagar y piensan que estaremos dispuestos a besarles los pies para obtener los despojos que ellos nos dejan hasta el resto de nuestros días.

Un día todo estallará desde dentro. Desde el núcleo de esta farsa que han estado creando para  seguir diciéndonos que somos una generación perdida sin oficio ni beneficio.

-Oiga, señor, yo no tengo beneficios porque usted se calienta los cojones cada día sobre un sillón de diseño mientras que yo me mojo los pies saliendo de los trenes con mis botas de plástico “made in Italy” fabricadas en China  sin saber si en medio de esta tormenta de nieve podré regresar a mi casa. Por supuesto, con sus ruedas térmicas llegará muy lejos… irá por la autopista donde pasará el quitanieves y le acariciará los cojones nuevamente. Yo me tendré que conformar con mi jarabe y mi principio de bronquitis hasta próximo aviso. Eso porque me lo merezco, ¿sabe? (lo que usted no sabe es que un día en mi piel de cordero haré saltar su cerebro por los aires)

Desde dentro.

Claro, luego hay que tragarse el discursito de que no sabemos lo que es hacer esfuerzos, que nos lo han regalado todo…

No creo que esto vaya a quedarse así por mucho tiempo. “Estamos trabajando en ello”.

Hace falta planear una lucha inteligente.

¿Y cómo?

Desde dentro.

De nada vale atacar desde afuera porque ellos se defenderán con uñas y dientes.

Defenderán su feudo porque siendo sinvergüenzas,  no se dan cuenta de lo que están robando a los demás: una oportunidad.

Mientras tanto yo se la robo a más de la mitad del planeta con mi inoportuna existencia occidental.

Está claro que ellos también algún día intentarán hacer explotar mi cerebro por los aires.

Todos hechos de la misma basura en este tablero de “hundir la flota” donde “sálvese quien pueda”.

martes, 31 de enero de 2012

Nada extraordinario

No me preocupa demasiado no ser una gran intelectual. La verdad siempre he leído bastante basura y tengo un pasado de bailoteo en los pub con osos de colores dando saltos en la cabeza.
Cuando era niña un gitanito del parque me escribía poemas que guardé en una gran caja verde para leerlos ahora.
Cuando regresé de Inglaterra dejé de beber cerveza. Siempre me ha parecido bastante cutre.
Tuve un enamoramiento transitorio de un chico rumano que me enviaba 20 mensajes de texto al día en “esperanto”.
No necesito nada extraordinario para vivir. A veces comprarme un billete de avión de ida y vuelta por 30€. Sentirme en el aire… aunque me suden las manos.
Tuve una relación de 6 años con un desconocido del que me salvó la locura de un italiano que cantaba ópera en mi ducha cuando volvía del trabajo.
A veces llevo la cadena de la virgen de Fátima al cuello por haberla heredado de la persona que más  he querido en mi vida.
Otras veces llevo una que me regalaron mis amigas por mi cumpleaños que tiene mi nombre. Cuando se rompe, la arreglo y sigo adelante...
Sé que debería dejar de beber Coca- cola. Lo sé.
Sé que me impregnaré de radiactividad en ese avión que me llevará a tomarme un vermú al mercado de San Miguel. Lo sé.
Sé que Paolo Coelho solo fue capaz de escribir un buen libro en su vida y luego siguió mortificándose. Lo sé.
En espera de la nieve, me pongo las botas y grandes calcetines de lana. Sueño con un beso al salir del tren mientras los copos me envuelven y escucho una melodía de Cold Play.
Viviría sumergida en el mar seis meses al año…
Nada extraordinario

miércoles, 11 de enero de 2012

Señales "sin humo"


Dejar de fumar es uno de los propósitos más comunes del año nuevo. Humo…
A veces no hay humo y vemos señales ¿O a veces no hay señales y nosotros vemos humo?
Pues sí, la comunicación no verbal representa un porcentaje muy alto en determinados contextos. A veces más de lo que nos imaginamos.
A menudo decimos A y nuestro interlocutor  podría entender B o incluso C + D dependiendo de su estado de ánimo, su personalidad o incluso su grado de confianza y afecto por el hablante.
Está claro que comunicar un mensaje no es una tarea fácil ¡Qué se lo digan a las abejas! Quizás lo más difícil sea adaptarse a la situación y al interlocutor.
¿Por qué con algunas personas sentimos que podemos hablar tranquilamente, sin tensiones y con otras debemos medir nuestras palabras?
¿Por qué se producen los malentendidos?
El caso es que la espontaneidad del acto lingüístico es lo que hace que nos dejemos llevar por la expresión natural de nuestros pensamientos y sentimientos aunque en ocasiones, también sepamos individuar momentos en los que no podemos decir lo primero que se nos pasa por la cabeza…
¿Qué hay de misterioso entonces en “las señales”?
¿Tiene que ver algo la “química” entre las personas?
¿Es nuestro cerebro que va más rápido que las palabras?
Desde mi punto de vista el “quid” de la cuestión es nuestro “decodificador personal”.
Hay personas exageradamente comunicativas que pueden trasmitir pena y alegría con el solo brillo de sus ojos.
Otras con las que puedes hablar durante horas y no poder ni siquiera intuir cómo se sienten en ese momento.
Otras  cuya suma claridad se interpreta como demasiada agresividad.
“Señales”. Creedme, si existiera un manual para interpretarlas de manera científica, ninguno seguiría encendiéndose un cigarrillo a la vuelta de la esquina.