jueves, 5 de agosto de 2010

Una historia curiosa

Mis amigos y mi familia siempre me dicen que esta clase de cosas sólo me pueden suceder a mí y a veces incluso les tengo que dar la razón.
Acababa de colgar el móvil. Gius me había preguntado si no había hecho algún compañero o compañera de viaje y la verdad es que hasta ese momento no (ya sé que es un poco raro porque suelo hablar por los codos).
Estaba revisando un poco los temas de la revista para Navidad y el vuelo salía con cuatro horas de retraso.
En general, no me puedo quejar, normalmente sale bastante puntual pero el sábado pasado las horas se pasaban bastante lentas.
Fui a la cafetería a comer algo. Era casi la una y después cenaría en un restaurante tailandés que elegimos antes de que me fuera a pasar unos días a Galicia.
Cuando terminé, Ryanair anunció por megafonía bonos para la comida (20 minutos antes de salir el vuelo- sin comentarios-).
Cola para entrar en el avión y una pareja de señores italianos que tenían ganas de charlar un poco.
Me contaron que su hijo fue a Santiago de Compostela a hacer la Erasmus y ya no regresó. Se enamoró de una gallega y ahora son ellos los que van a saludar al apóstol de vez en cuando.
Una monja que pululaba me escuchó hablar con los señores.
Tengo que decir que era muy sociable y majeta (a pesar de que sabéis que en temas religiosos pocas veces doy mi brazo a torcer).
Bueno, pues se enteró de que vivo en Regione Marche y se acordó de un amigo suyo fraile que pasa los veranos en un monasterio de Grottammare (para que os hagáis una idea está a 20 minutitos de mi casa).
Bueno, pues Sor Roberta, muy dicharachera, me dio una concha del Camino de Santiago Para el Fraile Matteo y  yo, sin saber muy bien qué hacer, le dije que se la llevaría.
Sé que esto suena a historia de Paulo Coelho pero ocurrió en realidad.
Ayer fui al monasterio y conocí al fraile que, como Sor Roberta, es muy joven.
Tenía una pierna mal porque había tenido un pequeño accidente y se estaba recuperando.
Se rió mucho cuando llegué con la concha en la mano y le dije quien la enviaba.
Supuestamente, la monja sabía que estaba mal de la pierna y le enviaba un símbolo del camino para cachondearse de él.
El fraile, muy amable, nos mostró el monasterio y nos contó que había conocido a Roberta antes de hacerse fraile.
Ahí nos quedamos.
No sé si el destino pone en el camino de uno estas cosas, pero si es así, el mío va cargado siempre de sorpresas.
Luego un paseo por Roma y una cena normalita con Maurizio y Chiara. Regreso a casa tardísimo.
Cuando abrí los ojos el domingo, las colinas de Le Marche volvían a sonreírme...

http://www.youtube.com/watch?v=zSx386Bf5H4

1 comentario:

mami dijo...

Esas cosas solo te pueden pasar a ti, que tienes una capacidad de enrolle sin igual...
Pero bueno no está nada mal tener conocidos hasta debajo de las piedras, ¡nunca se sabe!